24 octubre, 2014

Sintiendo mi ciudad

El cansancio de la semana es más notorio el viernes, sin embargo, el ánimo para enfrentarlo tiene otro aire, uno más alegre, que me lleva a querer caminar por lugares de la ciudad que no transito el resto de los días laborales. Cruzo calle Cumming y sigo por Romero, en un instante desaparece la ciudad ruidosa y estoy en otra época, pisando adoquines en el Barrio Concha y Toro. Todo tiene un toque especial y único en este sitio: la distribución, las esquinas, las hermosas casas, distintas entre sí, con sus faroles, ventanas y puertas que me invitan a pasar. Que ganas de estar, con luna llena, en alguno de sus balcones, imaginando cómo sería este lugar cuando existía el Palacio Concha y Cazotte.
Al dejar el barrio, paso por el costado del Teatro Carrera, y, aunque no lo conocí en su origen, siento impotencia de saber que ahora es un restorán chino y no está manifestándose como escenario artístico, que no tiene los colores, olores y fuerza inicial. 
Así es el tránsito por mi ciudad, me energiza cada cierta cuadra y rápidamente me causa desilusión, para volver a animarme un poco más allá.

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